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domingo, 14 de octubre de 2012

Decathlon

Yo no sé qué tiene el Decathlon, pero es que una vez que estás dentro estás perdido. 



Odio los deportes, no valgo, me canso y no me gustan. La última tienda donde entraría por gusto sería en un Decathlon, peeeeeero me he apuntado a un equipo de fútbol (sí, habéis leído bien, ya hablaremos de esto otro día...) y no tenía nada que ponerme para ir a mi primer entrenamiento, así que el martes pasado allá que me fui. Oliver me dijo que ella iba a llevar un pantalón corto de fútbol, camiseta de deporte de manga corta y zapatillas multitaco. Así que la compra era fácil: un pantalón corto, una camiseta de deporte y unas botas. Ah! y las espinilleras.

Pero tú entras allí... y es como el paraíso de los deportes. Es abrumador. Botas con tacos, multitacos, de fútbol sala, para frío, para suelo duro, para suelo seco, para suelo blando, para parecerte a Michel y a Butragueño,... las necesito todas!!!! Me di varias vueltas por los pasillos de la sección de fútbol  y acabé mi paseo en los probadores para ver cómo me quedaba el modelito que había cogido...

Y entonces me giro y noto que la sangre se va de mi cara. La ropa se caía de la cesta. Había cogido, nada más: camiseta de manga corta (transpirable y no se cuántas maravillas más, de éstas con las que hacer deporte es tan cómodo como estar sentada en tu sofá en ropa de estar en casa, porque no sudas, y si no sudas no te cansas), camiseta térmica de manga larga (mujer precavida vale por dos), sudadera (más cómoda de poner y quitar que la camiseta térmica), chaqueta impermeable (por si llueve), pantalón térmico largo para debajo de los cortos (estos me encantaban), pantalón corto (vaya, algo que necesito!), medias (no se juega igual con calcetín corto que con media, por favor...), espinilleras (ahora si que puedo repartir ostias como panes!), braga (para la tos), guantes finitos, sujetador y culotte (con tanga y el wonderbra iba a estar mejor pero...), bolsa para guardar las botas (dónde si no?) y bolsa de deporte (que en casa solo tengo como 3 o 4).

Tatiana céntrate. A qué hemos venido? Pantalón corto, camiseta, botas y espinilleras. Cómo ha llegado todo esto hasta aquí? Pantalón corto, camiseta, botas y espinilleras. Y lo que es peor... por qué todo me parece imprescindible para poder ir a entrenar el miércoles? Pantalón corto, camiseta, botas y espinilleras.

QUÉ ME ESTÁ PASANDO?!?!?

Muy fácil. Decathlon me estaba poseyendo.

Me convenzo a mí misma de que solo me llevaré lo que necesito, pero no puedo resistirme a probarme todo para verme de furgolista pofesioná. El modelito completo, incluyendo la ropa térmica bajo la ropa normal y las prendas exteriores, fue desolador. No parezco ni Michel ni Butragueño. 

Parezco un árbitro. 

He cogido todo en negro. Mierda. 

Me da el bajón de la fiebre deportiva y aprovechando el momento de lucidez salgo del probador como alma que lleva el diablo, sin mirar atrás. Dejé toda la ropa allí, en la cesta. Volví a los pasillos de Fútbol y cogí pantalón negro, sudadera gris, medias negras y espinilleras. 

Fui a caja y pagué.

Cómo saldría de allí que hasta cerré el pestillo del coche cuando entré y lo arranqué en segunda. Y aún cuando estaba ya a kilómetros del Decathlon sentía que tenía que volver... ¿¿pero idiota, dónde vas a guardar las botas?? 

Agito la cabeza, necesito que me abofeteen. 

Cuando llegué a casa estaba ya fuera del influjo maligno de Decathlon. Complementé el modelito con las cosas que tenía por casa y pude ir a entrenar sin traumas el miércoles...

...Lástima que con las prisas haya cogido espinilleras de niño. Esta semana me tocará volver...

sábado, 18 de agosto de 2012

La peluquería

Odio las peluquerías.

De toda la vida me he cortado el pelo en casa. Primero mi padre nos lo cortaba a todos. Cuando fui creciendo y ya no llevaba el pelo cortito, empezó a cortármelo mi madre. Cuando empecé a ser arisca y enfadarme cada vez que me lo cortaba porque no era como yo quería, empecé a cortármelo yo. Como ya no podía enfadarme con nadie, pues me aguantaba.

Mis experiencias en las peluquerías han sido todas malas. Es que no recuerdo una sola que se salve. La penúltima fue hace 2 años, para la boda de mis suegros. Fui un mes antes de la boda (por si salía mal tener tiempo para remediarlo) a darme mechas, para iluminar un poco... Le pedí mechas castañas. Pero su castaño y mi castaño no debían ser lo mismo, porque me las puso rubias. Tan rubias, que cuando me vi, ella me vio, y se me descompuso la cara... a ella se le descompuso más. Cómo sería para que me dijera... puedes venir cuando quieras a que te las matice. Solo la miré, pagué y me fui.

Juré que sería la última, pero hace unos meses tenía ya unas greñas importantes, así que me fui a la peluquería del Corte Inglés, que como el cliente siempre tiene la razón pensé que me entenderían. Pedí que me cortasen las puntas, creyendo que iba a ocurrir lo que me había pasado siempre, que vas con el pelo a la altura del escote, le dices córtame un poquito las puntas y sales con el pelo por debajo de la oreja. Pero sorprendentemente sólo me cortó las puntas... así que fui para nada, porque ni se me notó. Además le dije que me lo hiciese a capas y me lo dejó recto, que tuve que buscar yo luego un video en youtube nada más llegar a casa y hacerme las capas yo (http://www.youtube.com/watch?v=HbhLznbUqpI, ella ya lo tiene a capas antes de hacérselo, pero bueno, a mi me ha servido en muchas ocasiones este vídeo...).

Y ayer repetí. Pero esta vez ha sido algo más radical. Creí que en Pío los peluqueros serían... no sé, como muy cools, por la zona más que nada. No es que el corte que me he hecho necesitara que lo fueran, pero yo lo quería así, pensando en que entenderían mejor lo que quería, que no lo tenia claro al 100% ni yo. Se me desencajó la cara de tal manera al pararme en la entrada y ver que no había ni un moderno que ya me estaba arrepintiendo de haber ido.

Pero me vieron, y no había ningún cliente más, así que poco más o menos se avalanzaron sobre mí, me plantaron la bata y fue todo tan tan tan rápido que cuando quise reaccionar me estaban lavando el pelo, César ya no estaba a mi lado y yo ya no podía huir... Tres minutos después estaba ya sentada para cortarme y buscando a César con la mirada, histérica, hiperventilando. El peluquero me preguntó que qué quería y le he enseñé las tres fotos que llevaba. Muy parecidas a mí, todas. ¿No hay morenas con cortes así?

Y le quise explicar, pero antes de terminar de decirle... como ésta pero mas corto por aquí, como ésta pero más largo por allá  y que me quede más o menos como a ésta, él había pegado el primer tijeretazo. Se me cortó la respiración, y me quedé con la boca abierta en una frase a medio terminar. Mi pelo. Está encima de la mesa. Ay... Ay, no...

Me duele. No sé el qué, pero algo me duele.

Al menos 25 centímetros de pelo liso, hecho un churro mojado, ahí, delante de mí.  

Qué...

He...

Hecho...

La siguiente vez que entró aire en mis pulmones fue aire caliente... el tío estaba ya dándome con el secador.

En estado de shock me levanté, murmuré algo así como puedo quitarme ya esto? refiriendome a la bata y a los kilos de pelos que tenía por encima de las piernas, y sin mirarme al espejo fui a pagar. Me preguntó si quería llevarme mi pelo. (...). Silencio incómodo. Es posible que se me escapase un gruñido, así que como encima me estaba dando el tick en el párpado y no contesté, creo que me entendió, porque se dio la vuelta y se fue.

Nada más salir fui a echarme el pelo a un lado, una manía que tengo. Tenía. Porque ya no hay pelo...


Y ésta soy yo a partir de ahora...

jueves, 26 de julio de 2012

Mutante


Mira que me gustan los X-Men, y si hubiera tenido que escoger me habría gustado ser Lobezno, o Jean, o Tormenta.

Pero no.

Soy alérgica al sol.

Era algo desconocido hasta ahora, aunque en años anteriores ya habían aparecido algunos síntomas...

De pequeña, cuando vivía en Barcelona, me ponía morena con mucha facilidad. Cuando vine a Madrid, la falta de playa hizo que mi piel se volviera más lechosa y me costara más ponerme morena, además de que el moreno nunca volvió a ser como aquel de años anteriores. Ahora, tras perder el hábito de ir a la playa durante varios años, suelo pasar primero por el tono  bogavante para terminar en un tono un pelín más oscuro que el natural de mi piel pero que ni de lejos es un bronceado bonito.

Este año compramos protección del 20. Nos untábamos bien antes de salir de casa (como debe ser) y cada vez que salíamos del agua o empezábamos a notar el sol. No me quemé, y empecé a ponerme morenita enseguida, pero… horror: también empecé a mutar.

La frente empezó a inflamarse por arriba, donde nace el flequillo. Sin haberme quemado ni nada. Al principio solo un poco. Después, César empezó a referirse a la hinchazón como Tu Segundo Cerebro. Mi segundo cerebro iba digi-evolucionando día a día. Primero estaba en la raíz del pelo, más o menos haciéndome parecer algo así...






Luego bajó a ocupar toda la frente, de ahí se colocó entre las cejas, y al final entre los ojos, ensanchando el puente de la nariz y haciéndome tener lo que en mi familia llamamos ojos de león – es muy curioso, se hincha la separación entre los ojos y la zona de los lagrimales dejándote los ojos como si fueran los de un león. Mola, pero mejor para carnaval. Cuando aquello estaba en pleno apogeo y mi segundo cerebro estaba a punto de pedirse una caña para él cada vez que nos sentábamos en una terracita, tuve que pasar por la farmacia a enseñárselo para que me dieran algo. Me mandaron una crema de protección 50 para la cara (ni aunque hubiera estado a 1 kilómetro del sol me habría quemado) e ibuprofeno, para bajar la inflamación. Y de paso que no tomara el sol (¿¡¿estamos locos o qué?!?). Aprovechó para decirme que eso no era nada, que ha visto entrar a guiris mutados en langostino hasta con bigotes.

Pero eso no era todo. No solo me había convertido en Doscerebros.  También en Pulgoso. Shit! Cuando pensaba en que me gustaría ser Lobezno no era para rascarme detrás de la oreja con la pata de atrás...

Mi cuerpo se llenó de sarpullidos. He de decir que años anteriores ya se habían manifestado ante la exposición prolongada al sol, en los brazos y, sobretodo, en las piernas. Pero lo de este año fue una pasada. Y picaba… madre mía lo que picaba aquello. Dedos, manos, pies, antebrazos, brazos, espinillas, muslos, tripa, espalda,… llenos de ronchas coloradas y millones de sarpullidos.

Vamos, guapa guapa.

Lo mejor era encima estar rodeada de alemanas rubísimas, guapísimas, altísimas, pechugonísimas y con culos perfectos. Por lo menos César no tuvo mucho tiempo para mirarme y darse cuenta de en lo que me estaba convirtiendo…

El segundo cerebro desapareció un par de días antes de venirnos. Las ronchas todavía las luzco, aunque me quedan pocas.

¿No podría ser alérgica al polen, como todo el mundo?

miércoles, 25 de julio de 2012

Cienpies

En Fuerteventura, sobretodo si las temperaturas rondan los 40ºC, la variedad de fauna es espectacular, más aún por la noche y si la puerta del apartamento tiene una holgura de un dedo con el marco.

Levantarte cada mañana deseoso por saber qué te encontrarás en la cocina, la entrada o el baño, no tiene precio. Menos mal que iba con Tarzán. No sé qué hubiera hecho si no.

No os daré la lista detallada de insectos tamaño jurásico que pulverizamos. Pero es que yo nunca había visto un cienpies. Hasta esa noche.

Después de derrotar por enésima vez a César – no tiene ningún misterio ganarle después de que se beba 4 gin tonics – al Rumi, me levanté para ir al baño. Me quedé a mitad de camino, porque vi una cosa negra huir de la cocina hacia la entrada y desaparecer en el baño. Le dije a César… creo que hay una cucaracha en el baño… Y entonces, mi machomán (curioso nombre para alguien que corre más que yo cuando ve un bicho) agarró la zapatilla y fue para allá. Lo intoxicó con ambientador y cuando el bicho, que corría como un demonio, se sintió acorralado en el baño, se dio la vuelta mientras sonaba...chananananaaaaaaaaaaaa...uaaaaaaang uaaaaaaang uaaaaaaang... (www.youtube.com/watch?v=h_zeiKrRTuk), le miró desafiante y avanzó hacia él para atacarle salvajemente armado con sus cientos de miles de millones de patas (esta es la versión que me ha contado César, yo verlo con mis propios ojos no lo vi, así que es posible que no fuera exactamente así…). Afortunadamente, un solo zapatillazo fue necesario para que no quedara de él más que polvo.

Y entonces, cuando creímos estar a salvo, cogimos el móvil y buscamos en internet qué era semejante criatura del infierno. 

Un cienpies, tal que así...



Buscar en internet de qué es capaz un bicho, de noche y a punto de meterte en la cama, no es buena idea. Resulta que los cienpies nunca van solos. Como los alacranes y los escorpiones, siempre van en parejas (OMG!) y su pareja iba a estar ahora muuuuuuuuuy muy enfadada. Su picadura puede ser mortal (supongo que si se trata de un cienpiesaurio sí, pero en este caso lo dudo) y en el mejor de los casos, como la de una abeja. Eso ya me daba más miedo. Ya os he contado mi fobia a las avispas/abejas/similares. Puedes decirme que la picadura puede ser mortal, pero no me digas que va a ser como la de una abeja porque me descompongo. Pusimos el apartamento patas arriba (bueno, si nos ajustamos a la realidad, César puso el apartamento patas arriba. Yo puse mis patas arriba de la cama por si acaso) buscando a la pareja del maltrecho cienpies, esperando un ataque a traición en cualquier esquina para vengar a su amado.


Dormimos con la luz encendida, no os digo más.

domingo, 1 de julio de 2012

Rebajas

Por llamarlas algo.

Porque lo de REBAJAS es un chiste. ¿Qué fue de aquellas veces que con 100 € salías cargadita de bolsas? ¿Qué ha sido de los días en que encontrabas verdaderos chollos un 70% más baratos del precio normal? ¿Dónde han ido a parar todas las prendas bonitas de temporada que llevas meses esperando para pillar en las rebajas? Al rincón ordenado. El problema es que ahora el rincón ordenado no es un rincón, es media tienda. Hay un poquito de ropa de Nueva Colección, y muchísimos artículos que ahora llaman de continuidad. De continuidad. ¿De continuidad? ¿Y los bikinis? Vaya, son artículos de continuidad. Y no se rebajan. ¿Las camisetas bonitas? De continuidad. ¿Los pantalones que te gustaban? Continuidad. ¿Las cuñas que viste hace un mes? New.

Y punto.

Y vamos a las rebajas... Rebajas de 1, 2 3 y 4 €. De risa. Sandalias rebajadas de 19,95 € a 17,95 €. Wow. Camisetas de 15,95 € a 12,95 €. OMG. Pantalones de 25,95 € a 22,95 €. Incredibol. Y para eso llevo esperando semanas, para ahorrarme 2 € y jugándome el quedarme sin ella.

Para mí... un chasco.

¿La mejor compra? Una parka verde militar a mitad de precio. Pero el resto... chichiná.

La única ventaja es que he estado ocho horas de tiendas y  no me he tragado una cola. La gente no compra, y no me extraña. Las cajas estaban vacías. El año pasado en la cola de Bershka estuve hora y cuarto. Teníamos que irnos turnando. Entrabas en la tienda, y una iba a la cola directa mientras la otra miraba y se probaba, y luego al revés, y aún te sobraba tiempo para pasarte a la tienda de enfrente y echar un ojo. Este año nada. Entras, te pruebas y pagas. Bah. Esto ni son rebajas ni son ná.

Ya no siento la ansiedad que sentía la noche antes, que me costaba dormir. Ya no necesito estar a las 10 de la mañana pegada a la puerta, para entrar la primera. Ya no hago entrenamiento militar la semana anterior para estar en forma cuando abra Zara y ser la más rápida. ¿Será que me estoy haciendo mayor?


En Blanco, todo lo bonito está como mucho a un 30%. O sin rebajar... porque es continuidad.

En Zara los famosos descuentos de 2 € que os comentaba antes. Es para ir y preguntarle a Tito Amancio que si está de coña.

En fin, aún así me he ido cargada de bolsas, y con las mismas tengo que volver mañana porque acabo de ver cómo he dejado la cuenta y no pué ser.

Y vosotros, habéis comprado algo?

martes, 26 de junio de 2012

Mis primeros 30


Mañana cumplo mis primeros 30. No es algo que me haga mucha ilusión… pero tampoco hay que hacer un drama. Yo me veo como siempre, aunque ya no sé si eso es bueno o malo.

No sé si os pasa cuando os metéis en Facebook que veis a gente del colegio,  con quien habéis mantenido poca o ninguna relación desde entonces, y os metéis en las fotos (reconozcámoslo, a cotillear, quien diga lo contrario miente). Lo primero que decís es… Ostras! No puede ser… Y entonces, con tu risa más perversa piensas…MUAJAJAJAJAJAJAJA, qué mayor está, parece que tieneeeee… pfffffff!!

Pfffff.

Parece que tienen treinta, como tú. Sus caras son de mujeres, sus peinados, sus estilos... ¿Y los tuyos?

Es entonces cuando estás en el supermercado haciendo la compra y una señora (pero señora de verdad, de por lo menos 40 años) le dice al niño, refiriéndose a mi… deja pasar a la señora. Tú te dices: A veeeeeer, espera, que me quito yo también para que pase la señora. Y te giras, pero no hay ninguna señora. Bajón. Miras al niño con odio. Miras a la señora con más odio todavía. Pues si yo soy una señora, tú que c*** eres? Bah.

El caso es que los síntomas son inequívocos. Sales de fiesta… y ya no aguantas igual. Vas de tiendas… y te apetece vestir más mejor. Vas al parque de atracciones… y te mareas en la montaña rusa. Sacas la ropa del año pasado… y no entras en los pantalones (la ropa encoge de un año para otro, que diría mi madre… pero tú sabes que no, que tu cuerpo está mutando). Pero la señal más innegable de todas, al menos en mi caso, es que empiezo a sudar como mi madre. Por la cabeza. No puede ser, pero es.

Supongo que lo importante es sentirse joven, pero… eso tiene un límite. No quiero ser de esas señoras que te compran algo de ropa y de paso se compran ellas el mismo modelito, la misma talla. A una de las dos no le va a quedar bien, y no va a ser a mí. No te digo más.

En fin, supongo que los 30 tendrán también sus cosas buenas, pero aún tendré que esperar para verlo…




domingo, 24 de junio de 2012

Macarons 2 - Tati 0

Sí, ha vuelto a ocurrir.

El otro día compré unos moldes que iban a evitar el desparrame de la vez anterior. Además, leí bien la lista de ingredientes y compré la almendra molida, así que estaba convencida de que esta vez iba a ser pan comido.

Pero no.

Esta vez el primer paso de mezclar la almendra molida con el azucar glass fue perfecto. Tamicé sin problemas las 5 veces que ponía (y lo hice con un gustooo...). De paso ya os digo que lo de tamizar 5 veces es una estupidez, con una habría sido suficiente.


Pero es que entonces llegó el problema. Tenía que montar las claras y no había manera. Tenía que tener el agua con el azucar al dichoso punto de bola y tampoco se ponía. Al final, cuando se me iba ya a caer el brazo de batir las p**** claras, dije se acabó y lo mezclé todo tal cual estaba. Obviamente no tenía la textura, y entonces se me ocurrió la brillante idea de batirlo con la batidora. En qué hora...Si antes de batirla la textura era un poco cremosa, despues de batirlo era líquido puro. Fabuloso...
Vuelta a empezar. Vulevo a poner otras claras, bato hasta destrozarme el brazo, sudando la gota gorda, y aunque sé que no están montadas del todo, cuando el almibar "creo" que está en el punto de bola, lo mezclo. Sigo batiendo. Es un poco cremoso, pero ni de lejos como debería. Pero así se queda.

Lo junto con la mezcla de las otras claras, la almendra y el azucar. Separo en 3 y coloreo.


Pongo la crema en los moldes... et voilà!


¡¡He conseguido que no se desparramen!! Ya es un logro.

Dejo que se sequen y meto al horno. Y he aquí la prueba de que siguen pudiendo conmigo. No se han desparramado, tengo churrons independientes, pero son eso, churrons. No macarons. Ni mierdons, como la otra vez. Creo además que no los he dejado el tiempo suficiente en el horno, pero es que la receta que estoy usando no explica nada una vez los metes en el horno. No sé cuándo los tengo que sacar, o con qué aspecto. No sé si tienen que subir, bajar, explotar (sí, los míos explotan), tostarse. La voz se me está agudizando y va subiendo el tono presa de la histeria. ¿¡¿¡¿CÓMO TIENEN QUE ESTAR PARA SACARLOS?!?!?

Esto empieza a ser ya un trauma... pero no puedo parar. Esta semana lo intentaré otra vez, no van a poder conmigo. He buscado otra receta, la del blog que uso para los cupcakes, que es genial
La verdad es que leyéndola no sé por qué no los he hecho ya hoy con ésta. No habla de punto de bola (qué maravilla), usa más cantidad de claras, así que me será más fácil montarlas, espero.

En fin, como esta vez puedo salvar algo,  voy a rellenarlos de nocilla y me los voy a merendar...

jueves, 21 de junio de 2012

Noche de caza


Los insectos no me gustan. Pero es que en especial las polillas me provocan un pavor irracional. Yo sé que no tiene ningún sentido. Las otras dos criaturasterroríficas que me hacen sentir esa sensación son los tiburones y las avispas/abejas/similares, pero éstos por lo menos muerden o pican. Lo de las polillas es inexplicable, no hay nada más inofensivo. Pero no puedo.

Anoche entró una en mi casa. Cada vez que esto ocurre la noche se convierte en una fiesta que termina en festín para mis gatos. Suelen cazarla en unos minutos y se acabó. Pero anoche no.

01:00 a.m. Me meto en la cama. Mis fieras aún no han cazado a la polilla. Por eso, tengo mucho cuidado con las luces y las puertas, para que no se cuele en mi cuarto. Es enfermizo, hasta el punto de preparar la ropa del día siguiente a oscuras para que no se cuele luz por la rendija de la puerta y esté acechándome. Muy cómico. Cuando termino, abro la puerta como 1 centímetro, saco los morros y le lanzo a mi madre un beso mientras cierro y me precinto. He llegado sana y salva a la cama. La habitación es un recinto estanco. Persiana bajada, sí. Luz apagada, sí. Tapada hasta las orejas por si acaso, sí. Bien.

03:54 a.m. Fiesta. Mi gato me acaba de arrancar media oreja con la pata de atrás mientras hacía un salto mortal. Le veo en cámara lenta volando por encima de mi cara, en 3D. El gordo está en mis pies, maullando como si fuera una oveja: meee, meee, meee. Mierda. Me incorporo del susto y pego cuatro gritos de esos como si hablaras bajito pero forzando para que noten el tono de enfado. Ni caso. Les empujo fuera. Hasta ese momento no me doy cuenta de lo que está pasando. Qué hacen los gatos en mi cama? Por qué hay tanta luz? Miro hacia la ventana, la persiana está subida. Mal. La puerta está abierta. Mal. Los gatos en mi cama, Kirtash saltando por encima de mi cabeza, el maullido de Berto…y entonces hilo cabos: ese maullido es el de caza. Estoy en estado de shock. En ese momento, mi madre aparece cual guerrero intergaláctico, fluflú en mano. Mi madre con el fluflú es como con la laca, se le queda el dedo pegado y está vaporizando 10 minutos. No puede parar. Mientras, intento decirla que no, que no haga eso, que lo que sea que es va a caer muerto en mi cama, pero ella solo debe ver moverse mis labios, embriagada por el olor a insecticida. Y de repente todo está en silencio. Los gatos no están, lo que interpreto como que el IVNI se ha marchado de mi cuarto atufado por mi madre. Del subidón de adrenalina caigo inconsciente en la cama.

05:07 a.m. Entre sueños oigo ruidos, pero no soy capaz de distinguir si son reales o no. Miro el reloj. Aún me queda hora y media. Parece que la batalla tiene lugar en el salón. Y debe ser a muerte a juzgar por el follón que están montando. Tiro de la colcha, meto la almohada y la cabeza debajo. Si no puedo precintar la habitación me precinto yo. Me duermo.

06:45 a.m. Suena el despertador. Pienso que todo ha sido un mal sueño… hasta que salgo al salón. La butaca está volcada en el suelo, la tablet tirada también. Los cojines del sofá desperdigados por el salón, parece que han estado saltando sobre él toda la noche. Ni rastro de las fieras. Acabaron con ella. Son cazadores natos. Les odio por la nochecita que han dado, pero estoy orgullosa. Así que me meto en la ducha... Nada me hacía presagiar lo que estaba a punto de ocurrir. Tuve una experiencia similar, hace unos años, pero a esas horas no se me ocurre pensar en ella para tomar más precauciones. Al salir de la ducha me visto y me seco el pelo. Cuando estoy a punto de salir, abro la ventana del baño. Y entonces la veo pegada al cristal, por fuera.  Tarde. La ventana se abre hacia dentro, así que ahora está dentro del baño. Es eeeenoooooormeeeeee. Oscura. Suelto la ventana y de un salto estoy en la puerta. No puede ser, joder. Otra vez no. Y entonces me transformo, me deslizo sigilosamente hasta la ventana. Soy un ninja. Mis sentidos se agudizan, mis movimientos son precisos. Lástima que no soy valiente. Si lo fuera la habría desintegrado de un zapatillazo, pero he cerrado la ventana rápida y suavemente y he huido. Que la mate otro.  

Luego llamaré a casa para ver si han podido con ella…

domingo, 10 de junio de 2012

Macarons 1 - Tati 0

Ayer por la tarde lo hice (mal, pero lo hice).

Me monté el chiringuito en mi cocina: portátil para leer la receta... musiquita... instrumentos... y el gorro de pastelera, imprescindible para meterme en el papel. 


La sonrisa me duró poco. Creí que tenía todos los ingredientes... pero no.

Primer paso: poner el agua con el azúcar en un cazo. Fácil. 

Segundo paso: mezclar el azúcar glass con la almendra en polvo. Genial. No tengo almendra en polvo... Y entonces aparece mi cerebro positrónico... ¡pero tengo almendras! Las trituro y ya tengo almendra en polvo, :D clin!. Craaaaaaaaso error. Me pongo a picar las almendras. Primero con la picadora de la turmix. Mal. Quedaban trocitos, no polvo. Pieeeeensa Tati piensa. Meto las almendras picadas en la trituradora de café. El apocalipsis. Se convierten en turrón de jijona. Saco una plasta de almendras. Pero no desisto, lo mezclo con el azúcar. Y consigo una textura a mitad de camino entre el polvo y la plasta. 

Tercer paso: tamizar 5 veces la mezcla. ¬¬'. Tengo una plasta, cómo c*** tamizo esto ¿¡?! No me rindo. Y tamizo, vaya si tamizo. Primero con la tamizadora. Se atasca. Quiero llorar. Agarro el colador. Esto se tamiza por mis huevos. Empiezo a espachurrar la pasta hasta q pasa. ¡¡¡Y lo consigo!!! 50 minutos haciendo el primer tamizado...paso de los otros 4.

Cuarto paso: poner el cazo de agua con azúcar al fuego. Bien. A la vez tengo que ponerme a batir 35 gr. de claras de huevo. De repente me desorganizo. La batidora esta sucia, no pasa nada, creo que puedo hacerlo a mano. Craaaaaaaaaso error otra vez. Es muy poca cantidad. No se monta. Se me está descuajeringando el brazo, dale que te pego, no puedo más. Parece que monta. ¡¡¡Dios!!! Justo ahora tengo que mezclarlo con el agua con azúcar del fuego, que debería haber llegado a punto de bola...¿¡¿¡¿¡punto de quéééééé?!?!?! Esto es una pesadilla. Se supone que si meto una espumadera en el cazo (JA! No cabe...) y soplo un poco y se forman burbujitas, es que ha llegado al punto de bola... No me sale. Con la mano derecha sigo batiendo porque si paro, las claras de "desmontan". Con el izquierdo busco en internet qué es el punto de bola. No lo entiendo. Se supone que si meto la punta de un cuchillo en la mezcla y acto seguido en agua fría y sale una burbuja en la punta, es que ha llegado al punto de bola. Lo hago y... bueno, más o menos. A mí me vale. Mezclo las claras montadas con el almíbar y sigo batiendo. La web de donde saqué la receta te pone una foto de cómo es la textura que debería quedar. Como os podréis imaginar a estas alturas, no me estaba quedando así. Pero de perdidos al río. 

Quinto paso: echar 45 gr. de claras a la mezcla de azúcar y almendra. Me sale bien y me vengo arriba.

Sexto paso: juntar esta masa con la resultante del paso 4. Debería quedar una masa líquida pero densa. He de decir que yo aún tenía esperanzas. Ilusa. Mi masa era líquida.

Decidí continuar. Separé en 3 partes para darle color. Rosa, amarillo y marrón (chocolate). Saco la manga pastelera y empiezo a hacer redondeles en la bandeja del horno. Noooooo... la masa es tan líquida que se están desparramando. Empiezan a juntarse unos con otros. Respiro hondo, limpio con paciencia las uniones para que vuelvan a ser unidades individuales. Parece que sí! Y de la emoción encendí el horno. Lo precalenté a 150º y metí los presuntos macarons. Pero no...Cuando ya me estaba frotando las manos creyendo que me podían salir y pensando en cómo os lo iba a contar, veo que no había que meterlos en el horno. Había que dejarlos secar fuera un tiempo indeterminado que podía oscilar entre 30 minutos y 24 horas, dependiendo de la humedad del ambiente. 

Los saco, apago el horno y me voy al cine.

Cuando vuelvo la parte de arriba está seca. Se supone que así debería ser. Pero son muy finos. Me animo a mí misma pensando que en el horno se hincharán, como un bizcocho. Y los meto...

...Y entonces ocurrió el desastre. A los 5 minutos se habían inflado (yuju!), les había salido la base (yuju!) y la masa de dentro de cada macaron se estaba desparramando por la bandeja del horno... 

Este fue el resultado:





¡¡Mierdons para todos!!

Así que voy a comprar TODOS los ingredientes y puede que algún kit para hacerlos (http://www.lekue.es/es/kit-macaron-3000001), y volveremos a intentarlo.