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martes, 31 de julio de 2012

Forever now

Hoy tengo que ponerme moñas.

Este post se puede escuchar con dos canciones:

Una, la oficial: 


Otra, para ponernos tontorrones:



Al gusto del consumidor.

Mi fin de semana podría resumirse con un... ojalá fuese Forever Now.
 
Tengo la suerte de tener una familia postiza alucinante.

Llegar a tu casa de trabajar el viernes monísima de la muerte y 15 minutos después estar en un coche camino a nosabesdónde con ellos no tiene precio. Luego quedan fotos para la posteridad como ésta, con tacones, almohada y nevera de playa…


Es cierto que inicialmente la sorpresa me llevó a un estado de angustia/nervios que no pude evitar, y es que no estar manejando el cotarro y al tanto de todo me agobia, no sé si llevo todo lo que necesito, no sé si lo han preparado bien y no lo disfruto. Es un gusto darme sorpresas y verme la cara contraída de... quiero-mostrar-felicidad-pero-estoy-descompuesta (lo siento chicos). Pasadas las primeras horas (sí, el estado de shock me dura horas, básicamente hasta que sé dónde estoy y cuál es el plan) me relajo.

Llegar a la playa con tus amigos cuando creías que el verano había terminado es el mejor regalo del mundo mundial.

No sé vosotros, pero yo me lo pasé genial. Tendría que haberse podido congelar el tiempo hasta que nos aburriéramos. No sé cómo daros las gracias…

Fue perfecto.



Gracias una vez más por hacerme sentir tan especial. Os quiero mucho.

¿¿Cuándo repetimos??


jueves, 26 de julio de 2012

Mutante


Mira que me gustan los X-Men, y si hubiera tenido que escoger me habría gustado ser Lobezno, o Jean, o Tormenta.

Pero no.

Soy alérgica al sol.

Era algo desconocido hasta ahora, aunque en años anteriores ya habían aparecido algunos síntomas...

De pequeña, cuando vivía en Barcelona, me ponía morena con mucha facilidad. Cuando vine a Madrid, la falta de playa hizo que mi piel se volviera más lechosa y me costara más ponerme morena, además de que el moreno nunca volvió a ser como aquel de años anteriores. Ahora, tras perder el hábito de ir a la playa durante varios años, suelo pasar primero por el tono  bogavante para terminar en un tono un pelín más oscuro que el natural de mi piel pero que ni de lejos es un bronceado bonito.

Este año compramos protección del 20. Nos untábamos bien antes de salir de casa (como debe ser) y cada vez que salíamos del agua o empezábamos a notar el sol. No me quemé, y empecé a ponerme morenita enseguida, pero… horror: también empecé a mutar.

La frente empezó a inflamarse por arriba, donde nace el flequillo. Sin haberme quemado ni nada. Al principio solo un poco. Después, César empezó a referirse a la hinchazón como Tu Segundo Cerebro. Mi segundo cerebro iba digi-evolucionando día a día. Primero estaba en la raíz del pelo, más o menos haciéndome parecer algo así...






Luego bajó a ocupar toda la frente, de ahí se colocó entre las cejas, y al final entre los ojos, ensanchando el puente de la nariz y haciéndome tener lo que en mi familia llamamos ojos de león – es muy curioso, se hincha la separación entre los ojos y la zona de los lagrimales dejándote los ojos como si fueran los de un león. Mola, pero mejor para carnaval. Cuando aquello estaba en pleno apogeo y mi segundo cerebro estaba a punto de pedirse una caña para él cada vez que nos sentábamos en una terracita, tuve que pasar por la farmacia a enseñárselo para que me dieran algo. Me mandaron una crema de protección 50 para la cara (ni aunque hubiera estado a 1 kilómetro del sol me habría quemado) e ibuprofeno, para bajar la inflamación. Y de paso que no tomara el sol (¿¡¿estamos locos o qué?!?). Aprovechó para decirme que eso no era nada, que ha visto entrar a guiris mutados en langostino hasta con bigotes.

Pero eso no era todo. No solo me había convertido en Doscerebros.  También en Pulgoso. Shit! Cuando pensaba en que me gustaría ser Lobezno no era para rascarme detrás de la oreja con la pata de atrás...

Mi cuerpo se llenó de sarpullidos. He de decir que años anteriores ya se habían manifestado ante la exposición prolongada al sol, en los brazos y, sobretodo, en las piernas. Pero lo de este año fue una pasada. Y picaba… madre mía lo que picaba aquello. Dedos, manos, pies, antebrazos, brazos, espinillas, muslos, tripa, espalda,… llenos de ronchas coloradas y millones de sarpullidos.

Vamos, guapa guapa.

Lo mejor era encima estar rodeada de alemanas rubísimas, guapísimas, altísimas, pechugonísimas y con culos perfectos. Por lo menos César no tuvo mucho tiempo para mirarme y darse cuenta de en lo que me estaba convirtiendo…

El segundo cerebro desapareció un par de días antes de venirnos. Las ronchas todavía las luzco, aunque me quedan pocas.

¿No podría ser alérgica al polen, como todo el mundo?

miércoles, 25 de julio de 2012

Cienpies

En Fuerteventura, sobretodo si las temperaturas rondan los 40ºC, la variedad de fauna es espectacular, más aún por la noche y si la puerta del apartamento tiene una holgura de un dedo con el marco.

Levantarte cada mañana deseoso por saber qué te encontrarás en la cocina, la entrada o el baño, no tiene precio. Menos mal que iba con Tarzán. No sé qué hubiera hecho si no.

No os daré la lista detallada de insectos tamaño jurásico que pulverizamos. Pero es que yo nunca había visto un cienpies. Hasta esa noche.

Después de derrotar por enésima vez a César – no tiene ningún misterio ganarle después de que se beba 4 gin tonics – al Rumi, me levanté para ir al baño. Me quedé a mitad de camino, porque vi una cosa negra huir de la cocina hacia la entrada y desaparecer en el baño. Le dije a César… creo que hay una cucaracha en el baño… Y entonces, mi machomán (curioso nombre para alguien que corre más que yo cuando ve un bicho) agarró la zapatilla y fue para allá. Lo intoxicó con ambientador y cuando el bicho, que corría como un demonio, se sintió acorralado en el baño, se dio la vuelta mientras sonaba...chananananaaaaaaaaaaaa...uaaaaaaang uaaaaaaang uaaaaaaang... (www.youtube.com/watch?v=h_zeiKrRTuk), le miró desafiante y avanzó hacia él para atacarle salvajemente armado con sus cientos de miles de millones de patas (esta es la versión que me ha contado César, yo verlo con mis propios ojos no lo vi, así que es posible que no fuera exactamente así…). Afortunadamente, un solo zapatillazo fue necesario para que no quedara de él más que polvo.

Y entonces, cuando creímos estar a salvo, cogimos el móvil y buscamos en internet qué era semejante criatura del infierno. 

Un cienpies, tal que así...



Buscar en internet de qué es capaz un bicho, de noche y a punto de meterte en la cama, no es buena idea. Resulta que los cienpies nunca van solos. Como los alacranes y los escorpiones, siempre van en parejas (OMG!) y su pareja iba a estar ahora muuuuuuuuuy muy enfadada. Su picadura puede ser mortal (supongo que si se trata de un cienpiesaurio sí, pero en este caso lo dudo) y en el mejor de los casos, como la de una abeja. Eso ya me daba más miedo. Ya os he contado mi fobia a las avispas/abejas/similares. Puedes decirme que la picadura puede ser mortal, pero no me digas que va a ser como la de una abeja porque me descompongo. Pusimos el apartamento patas arriba (bueno, si nos ajustamos a la realidad, César puso el apartamento patas arriba. Yo puse mis patas arriba de la cama por si acaso) buscando a la pareja del maltrecho cienpies, esperando un ataque a traición en cualquier esquina para vengar a su amado.


Dormimos con la luz encendida, no os digo más.

martes, 24 de julio de 2012

Paraíso


He vuelto del paraíso. 

La mayoría de los que me leéis ya sabéis de qué hablo. Fuerteventura.

El año pasado (somos repetidores, y mientras se pueda creo que lo seremos por muchos años) nos hizo mucho viento. Las sombrillas volaban por los aires, las toallas desaparecían cubiertas por la arena. Era tan fuerte que la arena picaba en la piel como si fueran agujas. No exagero. Total, que hubo días que ni pudimos bajar a la playa.

Pero este año… madre mía, ¡qué maravilla! El mar era una balsa. El agua cristalina. Ni una gota de viento, si acaso una brisita (de agradecer) para aliviar el calor sofocante… ¡¡¡42ºC!!! ¡¡¡En Canarias!!! Increíble, pero cierto.  Ehto eh fuego, mi rey! es lo único que repetían los canarios.

La playa es larguísima, de arena fina. Pasado el faro se convierte casi en una playa virgen, con un poco más de viento, pero donde puedes estar prácticamente solo. Tan solo tan solo que la siguiente sombrilla a lo mejor está a 200 metros. ¡¡¡Puedes correr por la arena con el culo al aire sin que nadie se entere!!!

Lo que os digo, una maravilla.

Nosotros vamos a la zona de abajo, Morro Jable. El rollo es muy tranquilo: familias y parejas, en un 90%  alemanas. Creo que la parte de arriba (Corralejo) tiene más ambiente, pero no lo cambio por esto.

Os dejo algunas fotitos para que lo veáis.









A ver si a lo largo de la semana os cuento algunas peripecias con la fauna de allí (que hemos conocido bastante) o mis mutaciones por el sol, y os reís un rato.

¡Hasta mañana!

sábado, 14 de julio de 2012

Hacer la maleta y no morir en el intento

Me voy de vacaciones, una semanita. Y llevo toda la tarde haciendo y deshaciendo la maleta. 

Que desesperación. 

Yo quiero pensar que a todas nos pasa lo mismo. A César desde luego no. Lleva lo imprescindible. Para 7 días. Apostaría todo a que sabe qué va a ponerse cada día, y así es como hace la maleta. Luego me manda una foto: todo bien dobladito... bien colocadito... la maleta cierra sin forzar... le sobra espacio...

Le odio.

Yo, haciendolamaleta_v1.0, selecciono la ropa que más me gusta y más cómoda. La pongo encima de la cama. En total: 8 bikinis, un cesto de mimbre para la playa, toalla, chanclas, 2 bermudas, 1 pantalón largo, 14 camisetas, 4 vestidos, una chaqueta, 3 pares de sandalias, la cámara, el trípode, las gafas de buceo y el tubo, neceser, pijama, ropa interior y 2 bolsos. Sé que no cabe, pero con la esperanza de estar equivocada empiezo... 

... y acabo pronto. El cesto ocupa media maleta. Sólo caben la cámara, la toalla y los vestidos.

Me da la risa floja en el salón con mi madre. 8 bikinis. 7 días. Nos descojonamos.

Yo, haciendolamaleta_v1.1. Me siento delante de la maleta. La miro. Suspiro. Saco los bikinis, y descarto dos (wow). Quito un vestido también (estoy que lo tiro). El trípode lo llevará César. La maleta podría cerrarse tal cual está, pero voy sin neceser y sin sandalias. Uy, y sin cámara, que me la he dejado fuera. Pffff...

Me voy a comprar unas revistas para mañana y así me despejo.

Yo, haciendolamaleta_v2.0. Ha sido buena idea ir a por revistas. La InStyle lleva de regalo un cesto de playa, superfino, doblado no ocupa nada... Toma! No la he leído nunca, pero me la he comprado. Saco todo de la maleta y vuelvo a empezar. Lo del bolso ha sido buena idea. Ahora sí. 6 bikinis, toalla, chanclas, un par de sandalias, unas bermudas, 10 camisetas, 2 vestidos. Pijama, ropa interior, cámara, gafas de buceo, tubo, un bolso y neceser. 



Que satisfacción...

Es hora de acostarme, mañana hay que madrugar mucho. Y cerrar la maleta. Deseadme suerte!

lunes, 25 de junio de 2012

Mi Twingo y yo


Tengo un Twingo. No de los nuevos, no. De los que tienen encanto, o sea, del año 94. A mi es un coche que me encanta, sobretodo porque ha sido mi coche de toda la vida. En el que hemos hecho viajes de Barcelona a Coruña y a Madrid, con colchones atrás para ir dormidos cuando aún no era obligatorio ir con el cinturón de seguridad, en el que fuimos al Tibidabo el día en que todos los que entrasen dentro del Twingo pasaban gratis, en el que ibas a 140 con las ventanillas bajadas del todo y los carrillos se te movían como si fueras a la velocidad de la luz, en el que mi hermano y yo saludábamos a los conductores de atrás, en el que he batido todos los records de tiempo en el recorrido casadeCésar- micasa... Fue el primer coche con el que me llevé puesta una columna al aparcar… aaaaay, cuántos recuerdos tiene este coche y lo que me gusta.



Hasta que llega el verano.

Mi Twingo no tiene eso que se conoce como dirección asistida, no tiene la modernidad esa de elevalunas eléctrico, y por supuesto, no tiene el invento ese revolucionario que creo que se llama aire acondicionado. Tenía aire, a secas. Hasta que la rueda que regulaba la potencia se rompió. Así que ya ni eso.

Entonces, tú sales de trabajar toda mona a las tres de la tarde. Con tu vestidito fresquito, tu pelito bien puesto, tu maquillaje en su sitio. Abres la puerta, procurando tocar solo el plástico del manillar porque como toques la chapa, que está a temperatura magmavolcánico, se te desintegra la mano. Y entonces es cuando la ola de calor subsahariano que lleva todo el fin de semana en la península ibérica sale de tu coche.  Faltan los camellos (que me los dejo en el barrio). No has entrado todavía y ya estás sudando. El asiento abrasa. Menos mal que tengo una tolerancia especial al calor…(auch! auch! auch!)… porque sientes el humillo de carne a la brasa cuando te sientas.  Bajas la ventanilla. Podría bajar las dos, pero no es adecuado que baje la del copiloto porque luego no la voy a poder subir. Y os preguntaréis por qué querría subirla si la temperatura en el interior del coche es de 50º. Pues porque hay avispas. Hay avispas por todos lados. Son una pesadilla. Y huelen mi miedo. Me arriesgo (estoy mu loca tío), y abro una rendija lo más pequeña posible (hago un cálculo mental del tamaño de una avispa para cerciorarme de que no va a poder entrar a no ser que venga aposta a picarme, y ya sería mala suerte), y así ya no entran avispas… Ni aire. Así que hago el trayecto hasta mi casa (25 minutos si le doy bien, esto significa, a 110, porque a 111 las puertas ya vibran, el coche bota descontrolado, y el sonido del pobre es de asfisiao total) con las ventanillas subidas.

Cuando llego a mi casa queda lo mejor. Aparcar. He de decir que aparco muy bien. Y muy rápido. En situaciones límite aprendes a meter el coche a la primera, a 50 por hora marcha atrás y en una maniobra. Pero a veces, cuando ya se me está fundiendo el cerebro, no calculo y tengo que empezar a maniobrar. El volante no gira. Las ruedas se pegan al suelo. Me quiero morir. Pero no picada por una avispa, así que las ventanillas subidas hasta arriba. Cuando termino y bajo del coche, el asiento está mojado, el vestido está empapado (piernas, culo y espalda), el pelo húmedo pegado a la nuca, el flequillo pegado a la frente. Me suda el bigote. Se me ha corrido el rimel. Y tengo los pies cocidos.

¡¡Y que sea así como me ven siempre los vecinos...!!