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martes, 31 de julio de 2012

Forever now

Hoy tengo que ponerme moñas.

Este post se puede escuchar con dos canciones:

Una, la oficial: 


Otra, para ponernos tontorrones:



Al gusto del consumidor.

Mi fin de semana podría resumirse con un... ojalá fuese Forever Now.
 
Tengo la suerte de tener una familia postiza alucinante.

Llegar a tu casa de trabajar el viernes monísima de la muerte y 15 minutos después estar en un coche camino a nosabesdónde con ellos no tiene precio. Luego quedan fotos para la posteridad como ésta, con tacones, almohada y nevera de playa…


Es cierto que inicialmente la sorpresa me llevó a un estado de angustia/nervios que no pude evitar, y es que no estar manejando el cotarro y al tanto de todo me agobia, no sé si llevo todo lo que necesito, no sé si lo han preparado bien y no lo disfruto. Es un gusto darme sorpresas y verme la cara contraída de... quiero-mostrar-felicidad-pero-estoy-descompuesta (lo siento chicos). Pasadas las primeras horas (sí, el estado de shock me dura horas, básicamente hasta que sé dónde estoy y cuál es el plan) me relajo.

Llegar a la playa con tus amigos cuando creías que el verano había terminado es el mejor regalo del mundo mundial.

No sé vosotros, pero yo me lo pasé genial. Tendría que haberse podido congelar el tiempo hasta que nos aburriéramos. No sé cómo daros las gracias…

Fue perfecto.



Gracias una vez más por hacerme sentir tan especial. Os quiero mucho.

¿¿Cuándo repetimos??


martes, 24 de julio de 2012

Paraíso


He vuelto del paraíso. 

La mayoría de los que me leéis ya sabéis de qué hablo. Fuerteventura.

El año pasado (somos repetidores, y mientras se pueda creo que lo seremos por muchos años) nos hizo mucho viento. Las sombrillas volaban por los aires, las toallas desaparecían cubiertas por la arena. Era tan fuerte que la arena picaba en la piel como si fueran agujas. No exagero. Total, que hubo días que ni pudimos bajar a la playa.

Pero este año… madre mía, ¡qué maravilla! El mar era una balsa. El agua cristalina. Ni una gota de viento, si acaso una brisita (de agradecer) para aliviar el calor sofocante… ¡¡¡42ºC!!! ¡¡¡En Canarias!!! Increíble, pero cierto.  Ehto eh fuego, mi rey! es lo único que repetían los canarios.

La playa es larguísima, de arena fina. Pasado el faro se convierte casi en una playa virgen, con un poco más de viento, pero donde puedes estar prácticamente solo. Tan solo tan solo que la siguiente sombrilla a lo mejor está a 200 metros. ¡¡¡Puedes correr por la arena con el culo al aire sin que nadie se entere!!!

Lo que os digo, una maravilla.

Nosotros vamos a la zona de abajo, Morro Jable. El rollo es muy tranquilo: familias y parejas, en un 90%  alemanas. Creo que la parte de arriba (Corralejo) tiene más ambiente, pero no lo cambio por esto.

Os dejo algunas fotitos para que lo veáis.









A ver si a lo largo de la semana os cuento algunas peripecias con la fauna de allí (que hemos conocido bastante) o mis mutaciones por el sol, y os reís un rato.

¡Hasta mañana!

sábado, 14 de julio de 2012

Hacer la maleta y no morir en el intento

Me voy de vacaciones, una semanita. Y llevo toda la tarde haciendo y deshaciendo la maleta. 

Que desesperación. 

Yo quiero pensar que a todas nos pasa lo mismo. A César desde luego no. Lleva lo imprescindible. Para 7 días. Apostaría todo a que sabe qué va a ponerse cada día, y así es como hace la maleta. Luego me manda una foto: todo bien dobladito... bien colocadito... la maleta cierra sin forzar... le sobra espacio...

Le odio.

Yo, haciendolamaleta_v1.0, selecciono la ropa que más me gusta y más cómoda. La pongo encima de la cama. En total: 8 bikinis, un cesto de mimbre para la playa, toalla, chanclas, 2 bermudas, 1 pantalón largo, 14 camisetas, 4 vestidos, una chaqueta, 3 pares de sandalias, la cámara, el trípode, las gafas de buceo y el tubo, neceser, pijama, ropa interior y 2 bolsos. Sé que no cabe, pero con la esperanza de estar equivocada empiezo... 

... y acabo pronto. El cesto ocupa media maleta. Sólo caben la cámara, la toalla y los vestidos.

Me da la risa floja en el salón con mi madre. 8 bikinis. 7 días. Nos descojonamos.

Yo, haciendolamaleta_v1.1. Me siento delante de la maleta. La miro. Suspiro. Saco los bikinis, y descarto dos (wow). Quito un vestido también (estoy que lo tiro). El trípode lo llevará César. La maleta podría cerrarse tal cual está, pero voy sin neceser y sin sandalias. Uy, y sin cámara, que me la he dejado fuera. Pffff...

Me voy a comprar unas revistas para mañana y así me despejo.

Yo, haciendolamaleta_v2.0. Ha sido buena idea ir a por revistas. La InStyle lleva de regalo un cesto de playa, superfino, doblado no ocupa nada... Toma! No la he leído nunca, pero me la he comprado. Saco todo de la maleta y vuelvo a empezar. Lo del bolso ha sido buena idea. Ahora sí. 6 bikinis, toalla, chanclas, un par de sandalias, unas bermudas, 10 camisetas, 2 vestidos. Pijama, ropa interior, cámara, gafas de buceo, tubo, un bolso y neceser. 



Que satisfacción...

Es hora de acostarme, mañana hay que madrugar mucho. Y cerrar la maleta. Deseadme suerte!

viernes, 6 de julio de 2012

Vooolaaareee, uoooooooo!!


No sé cuántos de vosotros tendréis miedo a volar. 



Para mí, el avión es una máquina de matar. Antes no me pasaba esto. Recuerdo viajar entre Madrid y Barcelona con mi hermano solos desde muy pequeños y me encantaba.

Y entonces llegó Lost. Parece una tontería, y quizá lo sea, pero desde que vi esa serie me posee el terror más absoluto cada vez que tengo que subirme a un avión. Me agarroto, estrujo la mano a César, dejo de verle y oírle y solo oigo los ruidos del avión. Todos, hasta los que no existen.

Encima, siempre voy en ventanilla, por si veo algo. Algo. No sé el qué. Es como cuando miras debajo de la cama por si hay alguien. Y el día que haya alguien, ¿qué? Pues lo mismo que el día que vea algo por la ventanilla del avión.

La primera vez que me pasó fue volando a Granada. Yo no me lo esperaba, nunca me había pasado ni había sentido miedo antes ni durante el vuelo. Pero fue encenderse los motores y entrar en crisis. Se me desencajó la cara y César tuvo que ponerme los cascos con música alta para que yo no oyera los ruidos del avión. Todo el viaje así.

Es aún peor cuando volamos sobre el mar. No solo podemos estrellarnos. Es que se nos comerían los tiburones. El verano pasado fuimos a Fuerteventura. De la ida no me acuerdo, yo creo que me pongo tan nerviosa y sudo tanta adrenalina que entro en un estado de semiinconsciencia y luego soy incapaz de recordar nada. Pero la vuelta… ay la vuelta... Al despegar, entre todos los ruidos que se oyen y los que además solo oigo yo, dejé de oir un motor. Ya estábamos bien alto, pero se paró. Así sin más, dejo de oírse. Sé que me pongo blanca, porque lo noto, siento el cosquilleo de la sangre desapareciendo de mi cara. Sé también que empecé a repetirle a César que se había parado un motor. ¡¿¡¿¡¿Es que solo me doy cuenta yo?!?!?! Yo veo a César mover los labios, pero no le oigo. ¿¡¿Y las azafatas?!? ¿¡¿Es que nadie va a hacer nada?!? Se ha parado un motor, vamos a morir. Para entonces, el tono de mi voz debía haber subido lo suficiente como para que César se pusiera nervioso, no por lo del motor, sino por lalocaquenodejaderepetirquesehaparadounmotor. Seguía sin oírle, pero cuando ya me sujetó por los brazos y me obligó a sentarme bien (porque debí levantarme en algún momento de la crisis), empecé a oírle. Que me callara, y que me sentara. Él también lo repetía muchas veces, muy serio, y debía llevar un rato. Y va y me dice que el avión planea. Ja. Que planea dice! Mejor me siento. Y me callo.

En dos semanas me marcho otra vez a la playa. Estoy barajando la posibilidad de meterme un Lexatin o un Orfindal pal cuerpo y desmayarme en cuando me siente. Con un poco de suerte, antes.  

sábado, 28 de agosto de 2010

...todos los sitios a donde voy a ir...

Hay tantos sitios donde quiero ir...


El Tibidabo.

Nadie que no haya estado allí puede entender lo especial que es. No hay un Parque de atracciones igual. Desde que coges el funicular ya sientes que no vas a un sitio cualquiera. No sé como será ahora, pero antes comprabas la entrada y te daban una calcamonía, que te ponías corriendo en la fuente que hay nada más cruzar las puertas.


Y entonces empieza lo bueno... no sabes hacia donde ir, aunque creo recordar que todos los niveles son hacia abajo.
Ya puedes asomarte a ver las vistas... Qué vistas! Las mejores de la ciudad más bonita del mundo. Verlo de noche es espectacular. La noria, el avión, el atalaya, los coches de choque, la casa del terror, la sala de los espejos, los autómatas, los columpios, el Huracán, el barco pirata, la montaña rusa, el castillo tenebroso...




Barcelona es mi destino favorito, pero no la meto aquí porque merece un post a parte.

California.

Tener una foto del atardecer entre las palmeras de Long Beach. Con patines, como las californianas. Y sentarme en uno de los puestos de los vigilantes de la playa como Ryan y Marissa. Caminar por el Pier de Newport Beach. Contigo. Si no este viaje no tiene sentido.




San Francisco.
Coger en Nob Hill un tranvía imaginando ver bajar millones de bolas de colores mientras escuchamos Heartbeats... We were in love... Estar dentro del cuadro de mi habitación. Aunque sea solo una vez. Y ver el puente rojo sobre la bahía.



Menorca. 

Un hotelito que no sea nada del otro mundo y alquilar una moto que puedas conducir y yo de paquete agarrada a tu cintura. Ponernos el bañador, las chanclas, agarrar los sombreros y el cesto de rafia con las toallas y encontrar un cala como esta. Comer en chiringuitos. Siesta en la arena y de nuevo a bañarnos en agua transparente. Y así día tras día... Creo que no hay un plan mejor para el verano. Tengo que probarlo.



París.
Ver la Torre Eiffel atardeciendo, e incluso de noche. Hacernos una foto en el puente de Bir-Hakeim como Mal y Cobb. Las gárgolas de Notre Dame. Bajar por Les Escaliers de Montmartre. Y por qué no, el Louvre. Quiero ir en otoño. Merendar crepes en una de esas creperias tan bonitas. Y callejear...
Siempre nos quedará París.



Amsterdam.

En Amsterdam quiero coger una bici y recoger la ciudad de arriba a abajo. Ver todas esas casitas de las fotos, pasar por todos los puentes y hacer millones de fotos. E ir a los mercadillos de tulipanes, de esos que tienen de todos los colores habidos y por haber...



New York.
Ufff... Manhattan. Todos los edificios y avenidas que he visto en las series y pelis por la tele. El puente de Brooklin, de noche, por si aparece Spiderman. Coger un taxi que lo atraviese. The subway. Times Square. Central Park. Las escaleras de emergencia de los apartamentos.  La estatua de la libertad. El Empire State. Ir en Navidad y patinar sobre hielo en el Rockefeller Center.

La Toscana.

Alquilar un coche y pasarnos 15 días viviendo allí. Llavar maletas antiguas, vestidos y sandalias para mi y pantalones de lino y camisas para ti. Ver todos pueblos y ciudades por los que pasemos. Hacer picnics en medio de la campiña, comprar vino. Los campos, los castillos, el aceite de oliva y las hierbas aromáticas. Todo en verde y amarillo. Creo que puedo olerlo desde aquí... Y volver doraditos por el sol.
Bajo el sol de la Toscana.




Venecia.
Ir en carnavales sería genial, aunque quizas el tiempo no acompañe. Máscaras y trajes de época. Canales y góndolas. Pequeños puentes entre callejones muy estrechos. Lo veo en blanco y negro. Y en camisetas a rallas del gondolero. Cenar en un restaurante al que solo podamos llegar por agua...




Marrakech.

Va a ser el primero que conozcamos. Millones de colores, olores y sabores a todas horas. Lámparas, alfombras, especias, babuchas, cachimbas, henna, cuero,... no sé si puedo esperar. Callejuelas oscuras y abarrotadas de gente, riads. Y fotos, muchas fotos porque sitios así no hay muchos. Qué ganas!




...pero siempre contigo...